Invocaciones

Lector: Que Jesucristo dirija vuestros pasos con su gracia y que sea vuestro compañero fiel en vuestra marcha a Javier.

Todos: Amén

Lector: Que la Virgen, Santa María de Javier, os proteja en esta Javierada y bajo su manto podáis llegar jubilosos al Castillo de Javier.

Todos: Amén

Lector: Que San Francisco Javier os acompañe a lo largo del camino en esta aventura del ser testigos de Jesucristo.

Todos: Amén

Lector: : Atraídos por su figura y confiados en tu intercesión acudimos de nuevo a ti, Francisco Javier. Queremos ante todo dar gracias contigo a Dios porque quiso ser el centro de tu vida y hacer de ti el gran apóstol de los tiempos modernos. Alcánzanos de Él en primer lugar la gracia por excelencia de amarle también nosotros con todo el corazón, y ser testigos de Cristo con la palabra y con la vida. Y, además, si es para su gloria y bien nuestro, quisiera pedirte hoy por… y ofrecerte esta peregrinación por…

(hacemos breve silencio)

SALMO INDÍCAME TUS CAMINOS, SEÑOR (lo recitamos en dos grupos)

Indícame tus caminos, Señor; enséñame tus sendas. Que en mi vida se abran caminos de paz y bien, caminos de justicia y libertad. Que en mi vida se abran sendas de esperanza, sendas de igualdad y de servicio

Encamíname fielmente, Señor. Enséñame tú que eres mi Dios y Salvador. Recuerda, Señor, que tu ternura y tu lealtad nunca se acaban; no te acuerdes de mis pecados. Acuérdate de mí con tu lealtad, por tu bondad, Señor.

Tú eres bueno y recto, y enseñas el camino a los desorientados. Encamina a los humildes por la rectitud, enseña a los humildes su camino.

Tus sendas son la lealtad y la fidelidad, para los que guardan tu alianza y tus mandatos. Porque eres bueno, perdona mi culpa. Cuando te soy fiel, Señor, tú me enseñas un camino cierto. Con mis ojos puestos en ti, que me libras de mis amarras y ataduras.

Vuélvete hacia mí y ten piedad, pues estoy solo y afligido. Ensancha mi corazón encogido y sácame de mis angustias. Mira mis trabajos y mis penas, y perdona todos mis pecados. Señor, guarda mi vida y líbrame de mí mismo.

Señor, que salga de mi concha y vaya hacia ti, y que no quede defraudado de haberme confiado a ti. Indícame tus caminos, Señor, tú que eres el Camino. Hazme andar por el sendero de la verdad, tú que eres la Verdad del hombre. Despierta en mí el manantial de la vida, tú que eres la Vida de cuanto existe. Amén.

Hacemos un momento de silencio y releemos el salmo de forma personal. Pienso en la frase que más me invita hoy a orar a Dios.

Oración que compuso y decía el San Francisco Javier

Eterno Dios, Creador, de todas las cosas. Acordaos de que Vos nos creasteis a vuestra imagen y semejanza. Acordaos, Padre Celestial, de vuestro Hijo Jesucristo que, derramando tan liberalmente su sangre padeció por ellas. Complacido por los ruegos y oraciones de los Santos y de la Iglesia, esposa bendita de vuestro mismo Hijo; acordaos de vuestra misericordia y haced que todos conozcan al que enviasteis, Jesucristo, Hijo vuestro, que es salud, vida y resurrección nuestra, por el cual somos libres y nos salvamos, a quien sea dada la gloria por infinitos siglos de los siglos. Amén.

TODOS: Padre nuestro…

SALMO DESDE LA VIDA AUTENTICA (opcional, para la reflexión personal)

Soy joven, Señor, y quiero vivir con fuerza y alegría; soy joven y quiero estrujar mi vida y llegar hasta el fondo soy joven y, la verdad, Señor, no sé lo que es vivir a veces; soy joven y busco caminos, aunque no he encontrado el sendero cierto.

Quiero vivir y buscar mi libertad en lo que hago; quiero sentir y probar hasta lo más profundo lo que es la vida quiero tocar, palpar, hacer mío todo lo que encuentre en mi camino quiero, Señor, dar sentido a esta única vida que tengo.

Hay cosas, Señor, que no vale la pena volver de nuevo a ellas; hay cosas que al tocarlas se marchitan entre las manos hay sabores que son agradables sólo por un momento; hay colores que atraen y ciegan como la luz a la mariposa hay experiencias que al final te quedas solamente con la cáscara hay momentos fuertes que te dejan vacío, desilusionado y roto.

Yo sé, Señor, que hay cosas que me llevan a perder el rumbo; yo sé que cuando vivo mi egoísmo con rabia y desenfreno, me desoriento; yo sé que cuando vive mi orgullo y prepotencia, quiero ser yo el que guíe a la estrella; yo sé que cuando busco satisfacer mi instinto en el otro, me escondo en él; yo sé que cuando me entrego a la evasión del juego, me estoy perdiendo; yo sé que cuando huyo en alas de la velocidad, me estoy perdiendo; yo sé que cuando vivo de cosas, de objetos... !me pierdo en un laberinto sin salida!

Quiero vivir, Señor: hacer de la verdad el camino para mis pasos. Quiero vivir, Señor: hacer del amor limpio la norma de mi conducta. Quiero vivir, Señor: hacer de la libertad espacio para mi búsqueda. Quiero vivir, Señor: hacer del servicio la constante de mi vida. Quiero vivir, Señor: hacer de la reconciliación un camino de paz. Quiero vivir, Señor: hacer de la Belleza una luz para mis ojos. Quiero vivir, Señor: hacer de la esperanza una fuerza hacia adelante. Quiero vivir, Señor: hacer de la oración un lugar de encuentro contigo. Quiero vivir, Señor: hacer de la justicia un camino hacia el hermano herido. Quiero vivir, Señor: hacer de la humildad la base de cuanto soy.

Aquí me tienes en busca y en decisión de vivir el bien. Aquí me tienes con mi propia vida, con mi corazón. Aquí me tienes con ganas de ser auténtico, sencillamente yo. Aquí me tienes junto a ti, Señor Jesús, Señor de la VIDA.