Bendición del peregrino

Señor Jesús, tú que peregrinaste por primera vez a los doce años desde Nazaret hasta el Templo de Jerusalén para mostrar a los hombres que viniste a cumplir la Voluntad del Padre; bendice a estos hijos tuyos que van a peregrinar al Castillo de Javier. Sé para ellos compañero en la marcha y aliento en el cansancio para que con tu protección lleguen con espíritu renovado al término de la peregrinación y vuelvan a casa con el deseo de ser testigos de Cristo, como Javier. Por Jesucristo Nuestro Señor. Amén.

Súplicas de perdón

Lector 1: El Señor nos llama a vivir con Él, pero, tenemos que reconocerlo, a veces lo olvidamos, lo dejamos a un lado. ¿Estamos haciendo más oración en la Cuaresma? (Breve silencio) Señor ten piedad

Lector 2: No es feliz quien más gasta sino aquel que mejor sabe gastar. Pidamos perdón al Señor porque, en algunos momentos, no damos valor a lo importante y nos vamos por el camino fácil. (Breve silencio) Cristo ten piedad

Lector 3: Por las veces en que olvidamos los pequeños fallos que cometemos. Por creer que Dios es tan bueno que, ello, nos lleva a olvidar que tenemos que buscar la perfección. (breve silencio) Señor ten piedad

Salmo durante el camino (todos juntos)

Señor Jesús, eres luz para mi camino, eres el Salvador que yo espero. ¿Por qué esos miedos ocultos?. ¿A quién temo, Señor?. La vida es como una encrucijada, y a veces indeciso no sé por dónde ir. Creo en ti, Señor Jesús.

Tú eres la defensa de mi vida. ¿Quién me hará temblar?. Lo sé de sobra: seguirte es duro, ¡hay tantas cosas fáciles de conquistar a mi lado!.

Yo sé, Señor, que si me dejo llevar por ellas, me amarrarán hasta quitarme la libertad que busco. Yo sé que, si te sigo y me fía de ti, los obstáculos del camino caerán como hojas de otoño.

Aunque la mentira y la violencia acampen contra mí, aunque el dinero y el placer me rodeen como un ejército, mi corazón, Señor Jesús, no tiembla. Aunque la publicidad fácil me declare la guerra y mis ojos encuentren en cada esquina una llamada a perder mi dignidad humana, mi corazón dirá que no, porque en ti me siento tranquilo.

Una cosa te pido, Señor, y es lo que busco: vivir unido a ti, tenerte como amigo y alegrarme de tu amistad sincera para conmigo. En la tentación me guarecerás, algo así como el paraguas de la lluvia; en la tentación me esconderás en un rincón de tu tienda, y así me sentiré seguro como sobre roca firme. Señor Jesús, escúchame, que te llamo. Ten piedad. Respóndeme, que busco tu rostro.

Mi corazón me dice que tú me quieres y que estás presente en mí, que te preocupas de mis problemas como un amigo verdadero. Busco tu rostro: no me escondas tu rostro. No me abandones, pues tú eres mi Salvador.

Dame la certeza de saber que, aunque mi padre y mi madre me abandonaras, tú siempre estarás fiel a mi lado. Señor, enséñame tu camino, guíame por la senda llana. Yo espero gozar siempre de tu compañía. Yo quiero gozar siempre de tu Vida en mi vida.

Espero en ti, Señor Jesús: dame un corazón valiente y animoso para seguirte. Tú que eres luz para mi camino y el Salvador en quien yo confío. (Ps. 26)

Canto: Confío en Ti, de Ti me fie, no andaré tus pasos si no es desde la fe. Justo he de vivir, si en Ti confié. Dame Dios tu Espíritu, dame Tú la fe.

Palabra de Dios (Lucas 15- 1-3.11-32)

En aquel tiempo, solían acercarse a Jesús los publicanos y los pecadores a escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos diciendo: -- Ese acoge a los pecadores y come con ellos.

Jesús les dijo esta parábola: -- Un hombre tenía dos hijos: el menor de ellos dijo a su padre: "Padre, dame la parte que me toca de la fortuna" El padre les repartió los bienes. No muchos días después, el hijo menor, juntando lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Fue entonces y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a guardar cerdos. Le entraban ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos; y nadie le daba de comer. Recapacitando entonces se dijo: "Cuantos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: "Padre he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo: trátame como a uno de tus jornaleros."

Se puso en camino a donde estaba su padre: cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió y echando a correr, se le echó al cuello y se puso a besarlo. Su hijo le dijo: "Padre, he pecado contra el cielo y contra ti; ya no merezco llamarme hijo tuyo”. Pero el padre dijo a sus criados: "Sacad enseguida el mejor traje y vestidlo, ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete; porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado."

Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó que pasaba. Este le contestó: "Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud." Él se indignó y se negaba a entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: "Mira: en tantos años como te sirvo, sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando ha venido ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres le matas el ternero cebado." El padre le dijo: "Hijo, tú estás siempre conmigo, y todo lo mío es tuyo deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido, estaba perdido, y lo hemos encontrado."

Palabra del Señor

Oración para continuar el camino

Lector: Acudamos al Señor desde nuestra debilidad y usemos las palabras del Evangelio. Somos pobres y débiles para acoger la llamada del Señor. Digamos con toda humildad:

Lector: Con San Pedro te decimos:

TODOS: "Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo".

Lector: Con la Samaritana te decimos:

TODOS: “Dame esa agua que salta hasta la vida eterna”

Lector: Con Santo Tomás te invocamos:

TODOS: "Señor mío y Dios mío".

Lector: Con la mujer Cananea acudimos diciendo:

TODOS: "Señor, ayúdame".

Lector: Y con Pedro en el lago:

TODOS: "Aparta de mí, Señor, que soy un gran pecador".

Lector: Con los dos leprosos de Samaria te suplicamos:

TODOS: "Jesús, hijo de David, ten compasión de nosotros".

Lector: Y con los discípulos en la tempestad:

TODOS "Señor, sálvanos que perecemos".

Lector: Y con Pedro en la montaña:

TODOS: "¿A dónde iremos? Tú tienes palabras de vida eterna".

Lector: Con el Buen Ladrón te decimos:

TODOS: "Acuérdate de mí, cuando estés en tu Reino".

Lector: Y con el Centurión:

TODOS "¡Verdaderamente éste era el Hijo de Dios!".

TODOS: Padre nuestro…

Oración:

Señor y Dios nuestro: Tú has querido que numerosas naciones llegaran al conocimiento de tu nombre por la predicación de San Francisco Javier. In fúndenos su celo generoso por la propagación de la fe y haz que tu Iglesia encuentre su gozo en evangelizar a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén. San Francisco Javier, Ruega por nosotros.

Lector: Que Jesucristo dirija vuestros pasos con su gracia y que sea vuestro compañero fiel en vuestra marcha a Javier.

Todos: Amén

Lector: Que la Virgen, Santa María de Javier, os proteja en esta Javierada y bajo su manto podáis llegar jubilosos al Castillo de Javier.

Todos: Amén

Lector: : Que San Francisco Javier os acompañe a lo largo del camino en esta aventura del ser testigos de Jesucristo.

Todos: Amén